Sobre la piel también se escribe
Un joven justo y valiente con el espíritu bien templado y la cara surcada por profundas cicatrices se enamoró perdidamente de una doncella tan bella como frívola. “Si deseas hablarme de noviazgo no tienes más que quitarte esas feas cicatrices del rostro”, le decía indolente la hermosa muchacha a nuestro angustiado joven. Y entonces perdió el sueño porque la condición exigida por su amada resonaba como un mantra en su cabeza. Una de esas largas noches de insomnio, recostado sobre un árbol en medio del bosque, observó como un viejo detenía su carreta tirada por un mulo. Preparó un pollo asado y, para no comer a solas, porque comer solo es siempre muy triste, convirtió con un pase mágico a su animal en un hombre.
El joven, maravillado por esos extraños poderes, se acercó al que sin duda era un mago muy poderoso para pedirle que le quitara del rostro esas feas cicatrices. “No hay problema, eso es muy fácil”, le dijo el viejo mago. Y mientras pasaba levemente su dedo por una de ellas, pudo ver la historia de esa marca facial y cómo el joven, por defender su aldea, había luchado valientemente contra unos cosacos salvando así la vida de mujeres y niños. “Ya está, no hay más cicatriz, y claro, tampoco te enfrentaste a los cosacos, más bien te escondiste detrás de unos toneles”. El joven comprendió que para borrar las marcas que le había dejado la vida era necesario eliminar también los hechos pasados que las habían originado. No se dejó borrar ninguna otra, más bien salió corriendo al encuentro de su amada y superando el rechazo inmediato de ésta, logró su atención para contarle con lujo de detalle cada historia que dibujaba su rostro. “Terminó de contarle el origen de la última cicatriz frente al rabino que los casó”. Así termina este cuento.
Esta historia, bellamente narrada, parte además de una idea igualmente bella: que las personas tenemos una historia, una historia que nos ha moldeado y que nos permite ser lo que somos. Negar nuestra pasado sería como negarnos a nosotros mismos. Otro punto a favor de este logrado álbum son las ilustraciones, que dejan ver entre las cicatrices del joven pero también entre el follaje de los árboles, la madera de las barricas y las nubes pasajeras, las letras diminutas de muchas historias que pugnan por se leídas y aceptadas.
Hay que agradecer la edición de este cuento a una editorial Argentina, Calibroscopio, que al parecer tiene muchos aciertos similares y que desde El Perro en la Luna, que esperamos potenciar para brindarles un servicio que valla más allá que el de la simple reseña, podamos acercar a nuestros niños peruanos. Ya les avisaremos.
Título: Cicatrices.
Autor: Marcelo Birmajer
Ilustrador: Gustavo Aimar.
Editorial: Calibroscopio.
Edad: a partir de 5 años.
Precio: Por ahora no se puede encontrar en librerías peruanas pero no creo que a los amigos argentinos se les haga muy difícil encontrar el álbum en sus ciudades.