jueves, octubre 19, 2006

El Brujo, el Horrible y el Libro Rojo de los Hechizos

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En lo alto de una colina se erguía un castillo, hogar de Leitmeritz, al que todos acudían sin escatimar esfuerzo alguno por los miles de escalones que tenían que remontar. Y es que allí, este buen brujo se dedicaba a curar los males y penas de cuanta hada, ogro o unicornio que se lo pidiese. Pero como se exige en estas situaciones, Leitmeritz tenía un ayudante que le aligeraba el trabajo pesado y que andaba con el corazón entristecido porque, cada vez que tenía que ir al pueblo en busca de provisiones, la gente se refería a él como el hombre azul y horrible.



Un buen día, el brujo tiene que salir de viaje y Chancery, nuestro horrible protagonista, decide utilizar su libro rojo de los hechizos para dejar de ser feo, pero como no contaba con que éste sólo podía ser utilizado por brujos, los efectos que obtiene no son los esperados. Todas las letras y la sabiduría que contenía vuelan por los aires como una explosión de fuegos artificiales para, inmediatamente, volver a entrar al libro rojo pero con un orden muy distinto del anterior.

Cuando regresa Leitmeritz y retoma su trabajo de médico mágico, no comprende por qué no puede convertir al sapo en príncipe y sólo consigue darle una divertida cubierta de colores, o cómo así logra que el Dragón escupa pompas de jabón celestes en vez de curarle el dolor de garganta. El caso se pone realmente difícil cuando el rey, que ahora había cambiado el dolor de cabeza por un dolor de pies (al cambiarle la cabeza y ponerle un enorme pie en ella), amenaza con matarlo si no lo deja como antes. En este momento Chancery se da cuenta de que no puede ocultar por más tiempo su error y confiesa todo. El Brujo lo perdona pero, para poder restituir el orden correcto al libro rojo de los hechizos, Chancery tiene que conseguir lo que le pidió, sin utilizar la magia. Él hace todo el esfuerzo del que es capaz, peinándose y acicalándose, pero sólo logra provocarse una risa incontenible, la que, en definitiva, le será suficiente para que la gente del pueblo se refiera a él como “el hombre azul de la enorme sonrisa”.

La idea no es para nada nueva: la búsqueda de nuestra belleza interior y la aceptación de uno mismo que cambia mágicamente la mirada que los otros tienen sobre nosotros (y así, también, la nuestra propia). La hemos visto inclusive en películas como Shrek. Sin embargo, esta nueva versión muy personal es una propuesta digna de ser disfrutada. La narración textual juega a contrapunto muy bien con la narrativa visual. Ambas son conscientes de sus posibilidades comunicativas, sus alcances y capacidades en la narración de una historia y ambas se tratan con respeto y complementariedad. Hay un momento de la historia que nos cuenta sobre los esfuerzos de Chancery por verse más bello; en primer lugar lo hace el texto y luego éste le cede el paso a las ilustraciones. Ambos cuentan lo mismo pero consiguen efectos diferentes en el lector. Otra característica de la obra, que la hace sumamente recomendable, es que está plagada de muy buen humor.

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Pablo Bernasconi, el autor, nació en Argentina en 1973 y se dedica al diseño gráfico y a la ilustración. Sus libros han sido editados en diversos idiomas y por ellos ha recibido premios en varios países.

Autor: Pablo Bernasconi.
Librería: Atlántida.
Precio: S/. 28.
Editorial: Sudamericana.
Edad: a partir de 4.

1 comentario:

  1. Me encanta este libro. Me hace ilusión encontrar a "personas mayores", como diría el Principito, que disfrutan con los cuentos. Este libro fue mi descubrimiento de navidades de 2007. Sigue provocándome un hechizo cada estampa.
    Mil besos y gracias!

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