viernes, agosto 15, 2008

Rosa Blanca

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Una flor plantada en medio de la desolación

Los habitantes de todo un pequeño y tranquilo pueblo salen a las calles, jubilosos y con el espíritu inflamado por el fervor patrio, (ya que nadie va a una batalla pensando que la va a perder), para despedir a sus hombres que se alistan para la guerra. Entre el gentío, Rosa Blanca, una pequeña, (le calculo unos diez años), es parte de esa particular fiesta que esconde secretamente la destrucción y el horror. Con el tiempo el paso de más camiones con hombres cada vez menos contentos y de tanques con olor a batalla se vuelve parte del día a día, una escena más de la cotidianeidad del pueblo. Pero un buen día Rosa Blanca presencia una escena que marcará su vida. Camino de regreso a casa, luego de finalizadas las clases, observa cómo de un camión escapa un niño para ser nuevamente atrapado por el alcalde de la ciudad y devuelto a un hombre vestido de cuero negro y a sus soldados.

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Intrigada la niña sigue al camión a través de las calles, y cuando salen del pueblo sigue el rastro de las llantas sobre la tierra húmeda, saltando a través de los charcos que ha dejado la lluvia. De repente, luego de atravesar un claro en el bosque, encuentra una barraca llena de alambres, púas y cables eléctricos y, del otro lado, muchos niños con un solo rostro: el del espanto y la muerte. Con mucho cuidado pasa a través del alambrado un pedazo de pan que no pudo comerse en el recreo. Al pasar los días la madre de Rosa Blanca se preguntará intrigada cómo es que su hija sale con tanta comida por las mañanas y está cada vez más flaquita. Y claro, lo que ignora es que su hija ha incorporado sus visitas al campo de concentración nazi como parte de su rutina.

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Pero un día, saliendo del colegio, encuentra un escenario distinto, se observan soldados con un color diferente de uniforme que además hablan otro idioma y más soldados que tratan de pasar como parroquianos con caras de asustados. Rosa Blanca no está dispuesta a cancelar sus visitas diarias y se encamina a través de un tupida niebla por el camino que ya conoce tan bien. Cuando llega al fin encuentra que las barracas están destruidas, los cables por el piso y ningún niño a la vista. Se queda parada, pensando qué podía haber pasado, como en trance, sin siquiera escuchar los disparos que silbaban a su alrededor, como si la niebla pudiera protegerla y transportarla a un mundo paralelo, a buen recaudo del horror.

Es como si la narrativa textual fuera consciente de la contundencia expresiva y poética de las ilustraciones y se mantuviera humildemente al borde de la narración. Los cuadros que componen este álbum tienen la virtud de transmitirnos la historia con gran fluidez, de alguna manera se bastaría ella sola para dar cuenta de la historia, pero lo más saltante es la capacidad que tienen las ilustraciones para transmitir sentimientos y generar un trance dramático de gran valor. Son ilustraciones a las que Innocenti ya nos tiene acostumbrados pero que en este libro han alcanzado una de sus más grandes expresiones.

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Es verdad que la historia no termina bien, que es una historia sumamente triste y que deja el corazón algo magullado, pero a pesar de todo no es un cuento desesperanzador, todo lo contrario. Elizabeth Costello, el personaje de una novela de Koetzee, disertaba acerca de la condición humana y de los oscuros mecanismos psicológicos que la convertían en un remedo de humanidad. Se preguntaba qué tenía que suceder en los miles de seres humanos, campesinos, pueblerinos, hombres, mujeres y ancianos, que vivieron en las inmediaciones de los cientos de campos de concentración y exterminio durante la Segunda Guerra Mundial para que no se dieran por enterados de lo que sucedía debajo de sus narices, para que no les molestaran las cenizas que salían constantemente de las negras chimeneas y que cubrían sus campos y condimentaban con horror sus alimentos. Con que destreza podemos los hombres quitar la condición de humanidad a nuestros pares y, desde ese momento, cometer crímenes que en condiciones normales nos horrorizarían hasta el vértigo. Sin embargo, siempre hay una Rosa Blanca, flores raras y valientes en la adversidad, que nos permiten aún seguir manteniendo la fe en los hombres y nos restituyen nuestra humanidad.

Título: Rosa Blanca
Ideas y acuarelas de: Roberto Innocenti
Texto: Christophe Gallaz
Editorial: Lumen
Librería: Si tienen suerte en El Virrey (la trajeron hace tiempo), sino la consiguen por internet, (Amazon, por ejemplo).
Edad: A partir de 8 años para adelante sin límite.
Precio: Me parece recordar que fue un libro caro, (alrededor de los S/. 75), pero vale la pena.

5 comentarios:

  1. Hola Juan Carlos, nuevamente nos sugieres una literatura infantil destacada.

    Definitivamente, tendrá -ojalá que lo encuentre- que estar en mi biblioteca.

    Saludos,

    Harry Cañari-Atoche

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  2. Juan Carlos, un placer. Rodando por la red llego hasta tu blog y aquí me quedo.

    Rosa Blanca es un homenaje a todas aquellas personas anónimas que buscan la lógica del mundo, no solo en el holocausto, sino en el cotidiano de cada vida.

    Te recomiendo que busques "La historia de Erika" del mismo ilustrador (qué grande) y de la editorial Kalandraka, en España. Un libro también estremecedor.

    Un saludo de alguien que se paseará a la sombra de tus letras a menudo.

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  3. tengo este cuento de cuando era pequeña :)

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  4. Anónimo5:07 p.m.

    Yo he leido este libro y me ha parecido muy bueno

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  5. Anónimo3:18 p.m.

    yo ya leeei ese libro se me ase interesante mas xq me intriga muchisimo la gerra mundial ese libro se encuentra en 5 grado de primaria me encanto el libro

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